miércoles, 10 de septiembre de 2008

A mis amigos de ayer


¡Ah!, mis amigos de ayer,
me disculpo por mi ausencia:
fui requisado por el deber nacional.
No pude escapar ni oponer
ninguna resistencia.
Me encontré de lleno
en la campaña electoral.
Los candidatos se vistieron
todos de pavo real.
Estaban dispuestos,
muy comprensivos
y mostraron mucha tolerancia.
Hasta el temible vecino,
el más tirano y el más feudal
quería nuestros votos;
quería nuestra obediencia.
Esta vez me dije:
¡Voy a participar!
¡Voy a luchar!
Con mi voto,
no les dejaré pasar.
El lobo gris quiere ser
nuestro pastor.
Quiere llevarnos al matadero
con flores y palabras de amor.
El afable rebaño, muy bueno,
muy dispuesto a olvidar,
se agarra a las promesas;
no tiene ningún temor;
quiere creer en algo;
quiere ver su vida mejorar.
Una vez terminada la fiesta,
una vez llegado al poder,
nuestro lobo gris nos dirá:
— ¡Hijos, tienen muchas cosas que hacer!
Una y otra vez nos llevará
al matadero para sangrar,
con tres palabras:
Dios, la Patria y el Rey.
Nuestro monstruo dormido
lo haremos renacer.
El político, el banquero
y el industrial,
muy sabios, nuestros sentimientos
saben manejar:
nos incitarán a declarar la guerra...
¡al otro, que tendremos que odiar!
No por Dios,
ni tampoco por la Patria:
lo haremos por el propio interés
de la trilateral;
por el dinero, por el Rey
y por mera supervivencia.
Yo, el don nadie,
¿qué puedo hacer?
Nadie me quiere escuchar.
Mis amigos me han aconsejado:
— ¿Por qué en esto
te tienes que preocupar?
¡Has de olvidar!
¡Sigue fumando tu pipa!
¡Sigue dormido!
Les gusta mucho oírte roncar ...

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